miércoles santo
para juan, por hacerme volver a creer
7:45am. abro los ojos, pie en el suelo, y salgo al pasillo. recuerdo que es miércoles de ceniza. pero espera. no, no lo es, solo es miércoles santo. ¿y esta confusión?
ah.
me visto y me voy corriendo al primer recado del día antes de ir a la oficina. qué bien. qué ganas. qué todo. a las 8:25am estoy ahí, en mi segunda casa, huele a hogar, me saludan, me reciben con carteles. se llama bigmat, y es una tienda de suministros para construcción. i don’t speak zara anymore.
¿recordáis la packing list de joan didion?
la mía es parecida
racha de dieciseis días en el duolingo de la construcción. vuelvo con la compra hecha, baja juan, descargamos todos los materiales, y los subimos a casa. mientras nos tomamos el primer café del día repasamos lo que toca hoy. pluriempleada.
amigas, desde el viernes pasado, mis días han vuelto a tener sol, los pájaros reposan en mis ventanas cantando serenatas, las señoras me saludan por la calle y no saben quién coño soy. si amigas, si. desde el viernes pasado, me están quitando el puto gotelé. puede que todavía queden 12 paredes. puede ser también que las completas sean 6. pero esas seis… lisas y tersas como el culito de un bebé.
9:35am. juan y yo terminamos nuestra daily, y me preparo para irme a trabajar. ya voy tarde. como hoy toca oficina con todas las de la ley, decido cambiarle los accesorios a la sudadera negra que llevo incrustada desde hace dos meses, y la acompaño con unos vaqueros, perfume, un poquito de chapa y pintura y mi nueva máscara de pestañas. uniforme laboral.
entro al metro y hay un asiento libre que la chica de delante ha decidido no aprovechar. ¿es hoy mi día de suerte? ¿y por qué ha decidido ella desaprovechar esta oportunidad? ¿es acaso más feliz que el resto? ¿estará menos desesperada? ¿sabe algo que nosotros no?
llego al edificio de mi oficina y esperando el ascensor, me encuentro con otros dos pobres diablos que no han logrado fingir que les llegaba “un paquete” a casa, para no tener que venir hoy a currar.
—¿a qué piso vais? —les pregunto. —arriba —me contesta la chica, y dándose cuenta ella sola, añade— menuda indicación, a la planta 8. —¿sabes por qué llevo gorra? mira. —el chico se levanta la gorra y muestra una calva en estado de putrefacción. ella no mira—. la carroza en la que íbamos tenía dos plantas, y bajando al baño me estampé y me hice muchísimo daño. —alaaa, qué dius. —le contesta ella sin despegar la vista del teléfono. —sí, me quedé inconsciente. —ala, qué exagerado. —vuelve a decir ella, ahora en un tono más elevado que me invita a la conversación y hace que me cuestione si debería participar. —que sí, que sí, te lo juro. ¿quieres que te enseñe el informe médico? —él también se las trae. —no, no, déjate, déjate. —puedo intuir por qué se caen mal mutuamente, pero a ella la quiero matar. —me llevaron al hospital y todo, y me desperté desnudo, porque me tuvieron que quitar el disfraz. —anda mira, como a ti te gusta. —apunta y dispara.
doy gracias al cielo porque me toque bajarme del ascensor, pero en cuento me siento en la silla ya les echo de menos y quiero estar en la planta 8 para ver la cara de desesperación de la chica cuando él vuelva a contar la historia para el resto de compañeros. porque la va a contar.
el día continúa sin sobresaltos. reuniones, cafés, reuniones, cafés, clase de boxeo y vuelta a mi dulce hogar. a ver qué tal está.
entro por la puerta y me quedo absolutamente congelada. observo las paredes. ahora el pasillo también es liso como papel de fumar. mis ojos dos platos. abiertos de par en par, y sin poder pestañear, brillan como papel albal, como la plaza mayor en plena navidad. la admiro en todo su esplendor y empiezo a hablarle. sí, a la casa. si ya estoy del todo, qué mas da un poquito más.
entono mi voz más ridícula y le suelto: —pero qué guapa que han dejado a mi chica porfavorrrrr, pero mira qué guapa está.
la casa resopla y responde: —por dios santo para. nos estás dejando en ridículo a las dos. se ve que también tiene voz. mi señora casa tiene 55 años, sin chimenea tiene humos, y su voz es parecida a la de ana milán. no me preguntéis por qué. simplemente lo sé. le pido disculpas, esta vez con un tono normal y le digo que está mu guapa, que está quedando fenomenal. ella me adora, pero voz de hablarle a un perro me ha dejado claro que no.
le quedan unas cuantas cositas para ver su gran cambio. pero ya casi casi está. por poneros en contexto, aquí la lista reducida de todo lo que había que hacer, lo que está hecho, y lo que no, para poder ir tachando juntas los hitos y celebrando a la misma vez. te la dedico joan.
TO BREAK AND MAKE (versión reducida) ☑ cambiar encimera cocina ☑ instalar aires acondicionados (si, ahora soy una señora con aircon) ☑ hacer la nueva electricidad ☐ conectar todo a la nueva electricidad ☐ instalar nuevas llaves de luz, conmutadores, enchufes, etc ☐ quitar el gotelé ☐ lijar y pintar paredes ☐ reformar baño
si os lo estáis preguntando la respuesta es sí. la vida se ve de otra manera sin gotelé. ya apenas aprecio el polvo que rodea la casa, ni los agujeros que recorren los pasillos de mi hogar. no tener baldosas en el baño ha dejado de pesarme, y le estoy cogiendo cariño a no tener salón y tener tapados los sofás.
¿es el acto de quitar el gotelé, en esencia, dejar de llorar? ¿es cada gota que quitan un puto trauma que olvidar? ¿es cada pared lisa, olvidarte de un ex y no mirar atrás? ¿son mis lágrimas las que tapa juan con masilla de renovación en pasta, y no las de mi hogar?
esta noche sí. ya lo creo que sí.






I’m so here for it
madre mía qué risa de verdad lovin it ❤️